Cuando ya hay una nota de rescate en el escritorio, el trabajo está hecho. Las señales útiles llegan antes, y casi todas se ven sin ninguna herramienta especial.
El cifrado hace ruido si sabes qué escuchar. Antes de que se anuncie nada, el equipo hace una serie de cosas que por separado son raras y juntas no dejan dudas.
Una sola puede tener explicación inocente. Un programa de copias toca muchos archivos. Un instalador ejecuta un comando codificado. Dos o tres en el mismo minuto ya no tienen explicación inocente.
Casi todos los formatos empiezan con una firma fija: un documento de Word empieza por PK, un PDF por %PDF, un PNG por sus ocho bytes. El cifrado reemplaza el archivo entero, y la firma se va con él.
Hay una segunda medida que acompaña a la primera. La aleatoriedad de un archivo se puede puntuar, y el contenido corriente puntúa bajo: la prosa ronda los 4,2 bits por byte y los formatos ya comprimidos como JPEG o ZIP quedan entre 5 y 7. Lo cifrado pasa de 7,5, porque para eso sirve el cifrado. Por separado ninguna medida dice gran cosa: un ZIP es legítimamente alto y un archivo roto es legítimamente ilegible. Un archivo que ha perdido su firma y ha ganado aleatoriedad ha sido reescrito.
Aquí importa más el orden que la prisa, y el primer instinto de casi todo el mundo — abrir archivos para ver cómo de mal está — es el equivocado.
No pagues antes de hablar con alguien que haya llevado un caso así. No reinstales Windows encima del disco: destruye las pruebas y a veces la única copia del material de la clave.
Aquí es donde el marketing de seguridad deja de ser cierto, así que el límite va dicho sin adornos. Un programa sin controlador de núcleo no puede ponerse entre otro programa y el disco. No puede ser un muro. Puede ser un cable trampa y un testigo.
Rain Cleaner escribe archivos señuelo en las carpetas que importan: tres por carpeta, con nombres tales que uno queda al principio de cualquier listado alfabético, otro en medio y otro al final, porque un programa que cifra una carpeta la recorre en orden. Puntúa lo que ve en una escala donde la forma de un comando puede levantar una alarma, pero solo un hecho consumado — instantáneas borradas, un señuelo reescrito, un servicio de seguridad matado — puede detener un programa. Y lleva un registro donde cada línea arrastra el hash de la anterior, de modo que una línea borrada deja un agujero visible en vez de una salida limpia.
Algunos ataques no traen cifrado propio. Activan BitLocker con una clave que tú nunca ves, quitan la tuya y se van. Tus datos quedan cifrados con una función de Microsoft que funciona exactamente como se diseñó.
Windows lo registra: evento 773 cuando se suspende un protector y 776 cuando se elimina. Si nunca configuraste BitLocker, cualquiera de los dos en tu registro de eventos merece una mirada inmediata.
Última actualización: 2026-08-28
A menudo sí, y debe ser tu primera línea. Pero las familias de las que se habla en 2026 llegan trayendo un controlador firmado pero vulnerable justo para apagar la protección desde debajo. Por eso tiene valor un segundo testigo independiente.
Para un atacante que conozca los nombres exactos, sí. Por eso importa más la colocación que el secreto: quien recorre una carpeta en orden se topa con un señuelo entre los primeros archivos, haga lo que haga.
A veces. Comprueba si sobrevivió alguna instantánea, busca un descifrador para esa familia en el proyecto No More Ransom y revisa cualquier copia que no estuviera conectada en ese momento. En ambos casos, guarda los archivos cifrados.
El orden seguro: Windows Update, luego el fabricante, nunca un pack de drivers.
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